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La paz no sea con ellos ni con nosotros, otra vez...

  • Foto del escritor: Marina Rubio
    Marina Rubio
  • hace 2 horas
  • 2 min de lectura

El memorándum entre Estados Unidos e Irán, por si toma desprevenido a algún distraído, ese último que firmaron la semana pasada y supuestamente supondría una tregua con sabor a paz entre una parte de Occidente y otra de Oriente, se cae a pedazos. Y a nadie le sorprende ya. Donald Trump, el presidente con extraño batido, autopercibido el más poderoso del globo, ya sea que se levantó con el pie izquierdo o el derecho, ya da igual: He did it again (Lo hizo otra vez). El problema esta vez pareciera ser que las tentativas del vicepresidente J. D. Vance de mantener diálogos en Suiza para consolidar el tan anunciado memorando, que podría finiquitar de una buena vez la guerra en Teherán podría naufragar otra vez en aguas turbias.


El acuerdo, como estaba planteado, al menos en lo que alguien tan cambiante como los pronósticos meteorológicos, dicese el presidente republicano yankee, anunciaba lo mejor de todo en un mundo hundido en la guerra: el fin de las hostilidades directas entre Estados Unidos e Irán.


“Hay bastantes posibilidades de que la tregua se mantenga, simplemente porque beneficia a ambas partes”, había declarado Philip Gordon, un ex alto funcionario de Seguridad Nacional del país del norte, a la CNN. La importancia estaba clara, en la enorme capacidad de Teherán para echar a andar esa máquina de generar millones de dólares diarios en ingresos petroleros. “Irán tiene interés en que esto se mantenga. Y Estados Unidos, sin duda, también, porque no quiere reanudar la guerra”, agregó y despejó dudas, como si cupieran.


Entre los diplomáticos de un país y otro habían dibujado una hoja de ruta para concretar un acuerdo, al menos, por los siguientes dos meses. Pero la vulnerabilidad no se puede disimular por mucho y es cada vez más evidente que las presiones y todas aquellas estrategias, limitadas por cierto, que condujeron a un pueblo al caos de la guerra no quedaron en el pasado. En Medio Oriente sienten que la paz todavía está bajo amenaza.


Irán se sabe con influencia y, sin miedo al hombre de cabello y piel anaranjados antinaturales, le anticipó que cerrará el estrecho de Ormuz. Trump, fiel al estilo al que ha acostumbrado al planeta sobre todo en ese segundo mandato, lo amenazó y le dijo que el equipo negociador de Teherán podría no regresar a casa. Y no iba a ser porque los demoraría en una partida de póker, sino porque daría rienda suelta a la violencia.


Eso también podría desembocar en un enfrentamiento entre Israel e Irán por el Líbano que echaría por tierra el proceso, como si ya hubiera algo más que pudiera quedar en el suelo, además de las cientos de vidas de niños, mujeres y hombres que mueren y nadie cuenta.


Lo cierto es que otra vez las afirmaciones de Trump de haberse hecho con una victoria histórica, quizás solo en su mente, no transmite un total alivio. En Whashinton creen que cedió mucho, al tiempo que en este presente caótico mandato, la tranquilidad económica mundial con este casi oníniro fin de la guerra es tan precario y frágil, como las alas de una mariposa. Teherán la tiene clara, más ubicado en tiempo y espacio, sabe que las tratativas en la Casa Blanca no las tiene para nada fáciles.

 
 
 

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en uno de sus tantos bailes de campaña (NBC).
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