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El "abogado de ojos verdes" pidió que no lo mataran, luego que sí lo hicieran, lo demoraron y, tras una hora, lo dejaron ir

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 28 jun
  • 3 min de lectura
A cuatro días de insultar a una moza de una conocida cafetería de Villa Mercedes y generar destrozos en el local porque, según él, no le permitieron consumir dentro del comercio, Pablo "Lolo" Quiroga detuvo el tránsito vehicular, en pleno corazón de la ciudad. Descalzo, a torso descubierto y totalmente fuera de sí, clamó que no lo asesinaran y después exigió todo lo contrario. Pero en el breve lapso que estuvo en la Comisaría 8° se comportó con normalidad. Ya mucho más sereno, habló con los policías y les preguntó cómo les iba como si los conociera de toda la vida.

El hombre se paró en medio del cruce de calles Tucumán y Lavalle, deteniendo el fluido tránsito.
El hombre se paró en medio del cruce de calles Tucumán y Lavalle, deteniendo el fluido tránsito.

El autoproclamado "abogado penalista de ojos verdes", realmente se llama Pablo Lolo Quiroga, lo hizo otra vez. Protagonizó otro triste sketch en pleno centro de Villa Mercedes. Y va encaminado a romper sus propios récords, pues es el segundo escándalo por el estilo que realizó en la misma semana. Esta vez, alrededor de las 20 del sábado, se plantó en la esquina de Lavalle y Tucumán, en medio de las calles. Empezó a gritar. Pedía que no lo asesinaran y después insistió, todavía con más convicción, que sí lo mataran. Para entonces, ya se había descalzado y sacado la campera. Así, a torso desnudo, en medio de la esquina con más tráfico de la ciudad, con los brazos abiertos y en alto reclamaba que le quitaran la vida. También lo hizo desde el suelo, recostado.


Un policía a su lado lo observaba, con la misma cara de desconsuelo y aflicción que genera en quienes se convierten en testigos eventuales de las calamitosas escenas que estelariza los últimos años. Lo demoraron, como tantas otras veces, y una hora más tarde, por orden de la fiscal adjunta Laura Parisi, le permitieron retirarse de la Comisaría 8° en compañía de alguien que dijo que se haría cargo de él.


La persona que asume ese rol últimamente, el de llevarlo y ocuparse de él, es un amigo, con quien convive el “flamante abogado penalista”, le confirmó una fuente a SanLuis Chequeado. De acuerdo con lo que reveló el informante, esa persona no es la ideal para dárselas de tutor.



Quiroga, de 43 años, hizo otra vez de las suyas alrededor de las 20. En un par de videos que circularon, registrados por peatones y acompañantes de vehículos que pasaron circunstancialmente por esa intersección, logra verse que, aún con los policías rodeándolo y controlando el flujo vial, se había acostado a mitad de las calles. Así, tumbado, boca arriba, alzaba los brazos y también las piernas. Con gritos que parecían salir de lo más profundo de sus entrañas, repetía: "¡No me maten!, ¡no me maten!".


En otro tramo de las filmaciones, de pie y con los brazos cruzados, continuaba con el mismo desgarrador pedido sobre un hecho que, en realidad, no acontecía: su vida no corría peligro, nadie lo amenazaba, sino que era él quien tentaba a la muerte al tirarse en la esquina más circulada. El correr de los minutos no mejoró nada. No se calmó, sino que se alteró aún más. Se quitó el calzado, la campera con cierre y se paseó en círculos a torso desnudo en el mismo lugar. Sus gritos se volvieron todavía más incongruentes. Ya solicitaba con total euforia que lo mataran, que, por favor, lo asesinaran.



Cuando, finalmente, los patrulleros que lo habían vigilado en todo ese triste espectáculo lo esposaron, se cayó con el rostro dando de lleno contra la vereda. Tropezó con el enorme cantero de un árbol ubicado fuera del resto-bar El Viejo.


No obstante, el pisar la comisaría pareció funcionar como una especie de terapia. Una fuente aseguró que, una vez allí, casi en un estado zen comenzó a "conversar como si no hubiera pasado nada". "Hola, loco, ¿cómo andas?", le preguntaba a los efectivos de guardia.


Para las 21, la fiscal adjunta le ordenó al personal policial que dejara a "Lolo" irse de la comisaría, bajo la tutela de una "persona sobria". Según comentó otro informante, el abogado apestaba a alcohol.


Otro hombre que conoce a Quiroga desde la escuela primaria y secundaria afirmó que él antes no actuaba como lo hace ahora y por el que se ha hecho una fama que apena. También contó que la única vez que lo vio calmo, ya como adulto, fue los pocos meses que estuvo en el penal, bajo un controlado tratamiento psicológico y psiquiátrico por sus adicciones.



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