Ni homicidios ni accidentes, los suicidios son la principal causa de muerte en San Luis
- Redacción

- 24 jun
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Actualizado: 26 jun
Ya no lo dicen los opositores al Gobierno Libertario, las recientes cifras que el Ministerio de Seguridad de la Nación difundió en su informe anual del Sistema Nacional de Información Criminal (2025) desnuda la angustiante realidad, en un apartado dedicado a los "suicidios consumados". En ese triste ranking, San Luis se ubica en el segundo puesto, como la provincia con mayor registro de suicidios, detrás de Entre Ríos.

Es una verdad de público conocimiento que si los problemas no se hablan por sí solos no se solucionan. El suicidio es uno de ellos y los profesionales coinciden en que muchos eligen no tocar el tema y así lo convierten en un tabú. El problema es que cuando una persona decide llegar hasta el final y concreta tan extrema decisión ya no habrá nada que dialogar con ella, porque ya no estará de cuerpo presente para hacerlo.
Recientemente, el Ministerio de Seguridad de la Nación, a cargo de Alejandra Monteoliva, mujer de máxima confianza de la camaleónica senadora Patricia Bullrich, dio a conocer el Informe del Sistema Nacional de Información Criminal (2025). Y las cifras asustan. El suicidio es la principal causa de muerte en Argentina, por detrás quedaron los crímenes y los accidentes del tipo que sean. Son cada vez más las personas que, en este país, no logran hallar la salida a la maraña de problemas que cargan sobre sus espaldas y ahogan sus mentes y así deciden ponerle punto final a sus vidas. Otro dato que debería ocupar y preocupar es San Luis, este lado de la república que alguna vez unos llamaron "otro país", se ubica en el segundo puesto de ese triste conteo.
Los datos están en la página web del Gobierno Nacional, que lidera el presidente autopercibido el rey de los felinos. No son ningún secreto. En el extenso archivo PDF, en el que hay estadísticas de homicidios, accidentes, robos, estafas, abusos sexuales y otros delitos, existe también un apartado dedicado a los "suicidios consumados".

En honor a la verdad, hay que admitir que estas preocupantes cifras no constituyen un problema exclusivo de San Luis, ni de Argentina en particular. Los especialistas de distintas partes del mundo coinciden en que esta tendencia, en un planeta cada vez más insolidario, es una realidad en ascenso. Por diferentes razones, históricamente países del Primer Mundo, como Japón, han liderado esos grises rankings. No por nada el inmenso bosque que rodea el imponente Monte Fuji, lugar verde también conocido como "mar de árboles", es el sitio elegido y por el que transitan su última caminata las personas que ya tienen la decisión tomada, la última de su vida. Los países nórdicos tampoco son la excepción a la infelicidad, aunque visto desde afuera pareciera que todo funciona como un reloj suizo por esas tierras.
En Argentina los problemas son otros y el hecho de que la crisis económica se haya agudizado, como no lo hizo ni siquiera en el 2001, no es insípida a quien estaba acostumbrado a vivir de otra forma. Javier Milei, a quien le gusta adjudicarse el título de doctor, aunque lo es solo de manera honorífica y eso no tiene ningún valor académico, repite o, más bien, ya se cansó de decirlo: "No la ven". En el registro del Ministerio de Seguridad de su propia gestión pareciera, por el contrario, que sí. La ven, la calculan y la escriben.

El 19 de enero el corazón de muchos en Villa Mercedes se partió o, al menos, no pudo evitar sentirse terriblemente apenado. Yohana Pamela Escudero, una vecina del barrio 100 Viviendas y madre de una nena de cinco años y un chico de 14, apareció flotando en el baño de su casa. Un cable, amarrado a una alta claraboya, la sujetaba y las puntas de sus pies apenas rozaban el asiento de una silla ubicaba debajo de ella. Su familia jamás aceptó que eso era lo que parecería: un suicidio. Siempre apuntaron a la pareja de la mujer y padre de sus dos criaturas.
Después de chequeos tras chequeos y producción de pruebas, las fiscales instructoras Gisela Milstein y Nayla Cabrera Muñoz estuvieron en condiciones de comunicar, luego de poco más de un mes de averiguaciones, que Yohana, de 36 años, se había quitado la vida. Nadie la incitó, ni montó una escena para dibujar otra cosa.
En la conferencia de prensa que brindaron las representantes del Ministerio Público Fiscal (MPF) en la oficina de prensa del los tribunales de Villa Mercedes, esta periodista consultó si la fiscalía, en vista de que también están al tanto de los intentos o suicidios consumados, detectan un mayor número de muertes de este tipo. Y la que tomó la posta para responder fue Cabrera Muñoz, a cargo de la Fiscalía de Instrucción Penal en Género, Diversidad, Infancia y Adultos 1.
Pero no estaba en condiciones de contestar. Tres veces y de diferentes maneras, esta cronista insistió en si, al menos, dentro de las causas que ingresan a diario en la Unidad de Abordaje Fiscal o por lo que simplemente se enteran en el día a día: ¿han notado un incremento en los casos de suicidios? "No contamos con esas cifras", dijo a secas y le agregó que sería poco serio hablar sin ellas.
Milstein, en cambio, no le dio vueltas al asunto. No mencionó números exactos, porque reconoció que no los había, pero sí confirmó que, en su experiencia, el aumento de suicidios es una realidad que se nota hoy más que antes.

De acuerdo con el reciente informe de Nación, la tasa en todo el país alcanzó los 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes. En lo más alto de ese ranking, Entre Ríos, registró 20,8; San Luis 18,9; y Salta 17,4. Argentina contabilizó el año pasado un récord histórico de suicidios. Fueron 5.209 casos, la cifra más alta desde que existen registros y un número que triplica a los homicidios dolosos sucedidos en el mismo lapso.



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