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Un perrito no se despegó de su amigo dos semanas hasta que sanó de un accidente

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 21 jul
  • 4 min de lectura

Actualizado: 24 jul

Eran Lautaro y Guachín. Un día aparecieron en Justo Daract, se ganaron el corazón de todos y no se fueron nunca más. Amaban callejear, pero siempre lo hacían a la par. A tal punto que cuando uno fue atropellado, accidentalmente por un vecino, el otro abandonó sus amadas andanzas y permaneció todo el tiempo a su lado. Un hombre los mató a balazos y partieron juntos de este mundo.

Lautaro y Guachín, tenía unos cinco y ocho años. Les decían "hermanitos" porque eran inseparables.
Lautaro y Guachín, tenía unos cinco y ocho años. Les decían "hermanitos" porque eran inseparables.

Un día aparecieron en Justo Daract y se hicieron notar. Eran dos perros medianos, color dulce de leche uno y chocolate marmolado el otro. Parecían hermanitos y así los llamaban algunos, solo porque uno no circulaba si no lo hacía el otro a su lado. Llegaron y conquistaron a todos, a los "locos" de los animales y a los no tanto. Los bautizaron Lautaro y Guachín. Eran de todos porque a todos lados iban y a todos querían. A donde llegaban no les faltaba ni techo ni comida. A todo eso se lo ganaron con su amor.


Eran, sobre todo, cada uno la mitad de un todo. No querían estar en ningún lado, si el otro no estaba a la par. Tan inseparables eran que el día que Lautaro fue atropellado, sin querer por un vecino, Guachín no se despegó ni un minuto de él. No le importó más la calle, no le importó nada más que estar con su compañero. Dos semanas permaneció a su lado hasta que se recuperó. Una vez que sus heridas sanaron, volvieron juntos a su pasión: la calle. También se fueron juntos de este mundo por la única persona que no los quiso, Matías Romero, un vecino de la localidad que los mató a tiros. Pero ni eso pudo opacar que dieron en vida una masterclass de bondad y amistad pura.


Uno de los pocos registros fílmicos que hay sobre los inseparables amigos. En el video acompañaban a una vecina.


"Yo nunca pude saber de dónde aparecieron", confesó Soledad, una proteccionista de la localidad, que hizo de su casa también el hogar de Lautaro y Guachín. Aunque jamás pudo determinar su origen ni su historia antes de hacer su humilde aparición en Justo Daract, desde que llegaron no les perdió el rastro y, como hacen muchas personas que cobijan a los "callejeritos", la mujer les hizo seguimiento.


"Aparecieron un día en mi casa porque los animales saben donde pueden ir a buscar refugio y contención. Mi casa es paradero de los callejeritos desde que tengo uso de razón", comentó. Explicó que destina su garaje, un espacio tan grande como un salón, para ubicar allí bolsas de alimento balanceado y disponer de varios recipientes con agua, para que cuando algún perrito o gatito hambriento y sediento merodeé la zona entre y se sirva a sus anchas. Para esa razón, por lo general, el portón de su cochera está abierto.


Soledad calcula que Lautaro y Guachín tenían cinco y ocho años. Eran callejeros, no tenían dueño. A veces se quedaban en su domicilio un rato, una noche y otro día en otra vivienda, donde también eran bienvenidos.


Andaban por donde fuera, pero se movían mucho en la zona céntrica. Pasaban mucho tiempo con los chicos. Los visitaban de escuela en escuela, los acompañaban, iban hasta a un establecimiento educativo agrario y, desde ahí, regresaban. "Les hacían caricias y volvían", contó. En medio del paseo, cuando la panza les mandaba una señal, fisgoneaban las puertas de las carnicerías donde sabían que tenían asegurado un pedazo de carne gratis. "Eran totalmente queridos", sintetizó.


Después de tantos años de ayudar a los animalitos desprotegidos, junto a tantas personas con el mismo corazón, Soledad sabe perfectamente que cuando un perrito es callejero no hay poder sobre la Tierra para convertirlo en uno casero. "No los podes detener, ellos se van. Quieren ver a su gente y los lugares", dijo. No interesa que los acobijen en el mismísimo palacio de Versalles o los tienten con una montaña de alimento premium tan imponente como el Monte Fuji, a ellos "les tira" y los puede la calle.


Pero una vez algo pudo más que su naturaleza andariega. La proteccionista los perdió de vista. Los perritos no habían pasado a visitarla y ya no los veía afuera. Habían transcurrido unos días así y comenzó a preocuparse. Entonces, le preguntó a Walter, otro amante de los animales y un vecino mecánico a cuyo taller muchas veces iba a parar el dúo dinámico en cuestión.


Una de las imágenes difundidas para solicitar que el asesino de los perritos, Matías Romero, sea condenado con la cárcel.
Una de las imágenes difundidas para solicitar que el asesino de los perritos, Matías Romero, sea condenado con la cárcel.

"Vos sabes que hace mucho que no veo a Lautaro y Guachín, ¿no los has visto?", le preguntó un tanto angustiada a Walter. "Ahí me cuenta que él, sin querer, había atropellado a Lautaro y se había lastimado una patita. Y, como estaba muy dolorido, lo tenía en el taller para cuidarlo", relató. El perrito, color dulce de leche, no podía ni levantarse. Por eso el hombre lo mantenía ahí, para darle calmantes, asistirlo y asegurarse de que se recuperara por completo.


No estuvo solo en esa tarea. Al lado, casi de enfermero, estuvo Guachín. "Él no se fue a ningún lado, se quedó las dos semanas que le tomó sanar a su hermano, ese tiempo se quedó junto a él", recordó todavía sorprendida la proteccionista. "Se cuidaron", agregó.


Soledad les llamaba "hermanitos" porque siempre andaban juntos, pero estiman que, por sus características físicas, no eran hijos de la misma madre. "Hasta que su hermano no se recuperó, Guachín no salió y cuando lo hizo fue con Lautaro", narró entre las tantas memorias y buenos recuerdos que les dejaron esos amiguitos. Una vez recuperado de las heridas, volvieron a sus amadas calles y las andanzas sin fin. Recorrido que ahora tal vez continúan en una especie paraíso, tal cual se merecen dos seres como ellos.


A propósito del Día del Amigo que fue ayer (lunes) y del Día Internacional del Perro que es hoy.





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